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Túnez

Protestas y represión en Túnez - El pueblo de las minas

Desde enero de 2008, en Redeyef, al sudoeste del país, muy cerca de la frontera argelina, un movimiento de masas de grandes dimensiones -compuesto de trabajadores precarios, parados y viudas de mineros- inquieta al gobierno del presidente Ben Alí, el cual se presenta por quinta vez como candidato para dirigir una nación que se ahoga entre la crisis y la censura. De ahí que los jóvenes huyan “en busca de ilusiones más allá del mar”.

“Lo que hacen es inaceptable. Ante Dios y ante los hombres”, dice Yasmina Slama-Hlaimi. Se refiere al trato que las autoridades han infligido al pueblo de las minas. Y añade : “Mientras no se respete el derecho, mientras no se mejoren las condiciones de los parados, de las mujeres, de los obreros, de los jóvenes en la universidad, mientras no cesen la injusticia y la corrupción, no nos detendremos. Mientras tengamos que luchar, aquellos de nosotros que mueran serán mártires y los que sobrevivan serán felices... Prefiero que mueran diez de nosotros para que cuarenta puedan vivir dignamente, antes que morir todos en silencio y poco a poco”.

Slama-Hlaimi tiene casi 70 años, es viuda de un minero y ha sacado adelante ella sola a una hija y seis hijos en Redeyef. Esta ciudad de la región de Gafsa, en el sudoeste de Túnez, junto a la frontera argelina, es el foco principal de la revuelta de la cuenca minera del fosfato tunecino. Desde enero de 2008, un movimiento de revuelta de grandes dimensiones ha sacudido esta región de más de 3000.000 habitantes, una de las más pobres del país y con una tasa de desempleo oficial que dobla la media nacional. La Compañía de Fosfatos de Gafsa, principal proveedor de trabajo de la región, contrata cada vez menos gente, transforma en precaria a la mayor parte de la mano de obra y cuando distribuye algunos puestos de trabajo estable lo hace en base a un sistema de corrupción y nepotismo gestionado mano a mano por los dirigentes del Partido en el poder y algunos burócratas sindicales.

La Compañía, que explota el principal recurso natural del país desde hace más de un siglo, fue gestionada durante mucho tiempo por las autoridades francesas con arreglo a la lógica predatoria de las relaciones coloniales (una explotación intensiva de los recursos y de la mano de obra local indiferente a la reproducción de las condiciones sociales de vida y de producción, sin inversiones locales ni desarrollo de servicios e infraestructuras públicas). Cuando, bajo el protectorado francés, los habitantes de la región se opusieron al destino que se les había reservado, el ejército disparó sobre la multitud. Así sucedió durante la huelga de los mineros de marzo 1937, cuya represión causó 17 muertos.

En marzo de 1956, Túnez obtuvo la independencia política, los franceses se marcharon y el gobierno del presidente Burguiba primero y el del presidente Ben Ali después aplicaron a la cuenca minera de Gafsa una política apenas diferente de la de sus predecesores. Durante todo el siglo XX, el pueblo de las minas construyó una larga tradición de luchas anticoloniales y obreras. Desde comienzos de 2008, ha sabido organizar un movimiento muy popular que ha reunido distintas categorías sociales : desocupados, trabajadores precarios, mujeres y viudas de mineros, jóvenes estudiantes y colegiales, obreros, profesores. Juntos han llevado adelante reivindicaciones claras en relación con las políticas de trabajo e inversión, los problemas ambientales, los servicios sociales o incluso contra la corrupción. Es el movimiento social más amplio, más democrático y más radical que haya conocido el país en varias décadas.

Temeroso de que el movimiento se extendiese a otras regiones del país, el gobierno tunecino comenzó por someter a la cuenca minera a un verdadero asedio policial y militar. A continuación desencadenó una feroz represión : secuestros, detenciones arbitrarias, penas severas, violentas cargas policiales que han provocado ya dos muertos. Los habitantes, por su aprte, han plantado cara ; su determinación y solidaridad se han ido reforzando más allá de todas las previsiones y contra todas las medidas tomadas desde el poder.

El jueves 1 de diciembre de 2008 se desarrolló el juicio llamado de “los 38”, durante el cual fueron juzgados los principales protagonistas del movimiento por “asociación delictiva constituida con el propósito de turbar el orden público, atentar contra las instituciones, las estructuras, los bienes públicos y privados”. La vista se desarrolló en presencia de centenares de policías armados hasta los dientes. Los abogados vieron rechazadas todas sus demandas para presentar elementos o testimonios de defensa, no hubo ningún discurso ni comparecencia de testigos ni tampoco alegato de la acusación.

Tras una interrupción de la vista de doce horas, el juez se presentó en la sala en plena noche, visiblemente aterrorizado a pesar o tal vez a causa de la presencia de centenares de policías de paisano y en uniforme. Anunció que se había emitido ya el veredicto, pero se negó a comunicar públicamente los términos de la sentencia y se retiró entre las estrofas del himno nacional entonado por los imputados y las protestas de los abogados. En esta situación, el principal portavoz del movimiento, el sindicalista y profesor Adnan Haji forjó un eslógan que luego ha sido largamente repetido : “Firmeza y determinación contra el poder de las mafias”. Los abogados tuvieron que trasladarse al registro judicialpara conocer la gravedad de las condenas emitidas : hasta diez años y un mes de prisión para los sindicalistas, los profesores, los parados, los obreros y los estudiantes que habían tenido un papel movilizador en las protestas. Tras haber recibido la sentencia, el movimiento retomó las manifestaciones en la ciduad de Redeyef, a pesar de la intensificación de las redadas policiales y el aumento de la represión, que ha llevado a numerosos arrestos.

“¿Hasta cuándo tendremos que vivir en estado de asedio ? ¿Qué está sucediendo ? ¿Estamos tal vez en Gaza o en Faluya ?”, se pregunta Slama-Halaimi, “la policía trata a nuestros hijos como los sionistas tratan a los árabes”. Dos de sus hijos se encuentran entre los condenados en el proceso de los 38. Tareq, el mayor, profesor y sindicalista, ha recibido una pena de diez años y un mes ; Harun, el más joven, estudiante, seis años. Ambos están sometidos a un régimen carcelario muy duro y han sufrido malos tratos equivalentes a torturas. Dos de los otros cuatro hijos de Slama-Hlaimi viven también en Redeyef, Moussa y Omar. Este último, maestro de primaria, minusválido físico, ha sido golpeado varias veces, arrestado y condenado con el beneficio de la libertad condicional. Los otros dos, Muhammad y Abdallah, han tenido que marcharse a Europa para ganarse dignamente la vida y mantener a la familia que se ha quedado en el país. Hoy son obreros de la construcción en Nantes, Francia, uno de ellos todavía en situación ilegal. Los hijos de Slam-Hlaimi sono como tantos otros jóvenes tunecinos de la región minera o de otras regiones de Túnez : la alternativa para ellos es la de someterse a una vida de pobreza, paro y represión policial o luchar. Tanto si luchan contra un poder represivo y corrupto en su país o se baten contra los guardias fronterizos y los peligros del mar en dirección a “Lambadouza” (Lampedusa), a los ojos de sus seres queridos son combatientes por la justicia y la libertad.

Hoy, la situación en la cuenca minera sigue siendo tensa. Tras un primer aplazamiento el 13 de enero, los habitantes esperan la fecha del juicio de apelación de “los 38 de Redeyev”, previsto para el 3 de febrero. Durante tres semanas, la situación social en la región y en el conjunto del país se ha visto marcada por la amplitud del movimiento de solidaridad popular con Gaza, duramente reprimido. En la región de Gafsa, el martes 6 de enero se organizó una huelga general en apoyo al pueblo y a la resistencia palestina. Una huelga muy seguida a pesar de las medidas oficiales tomadas con el propósito de hacerla fracasar. En las manifestaciones que se han multiplicado por todo el país (estudiantes de instituto y universitarios, sindicalistas, partidos y asociaciones independientes, abogados), los eslóganes más frecuentes unían el homenaje al pueblo palestino de Gaza al de los habitantes de la cuenca minera de Gafsa.


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