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México

Los vaivenes de los movimientos sociales

El artículo plantea el papel movilizador en México del movimiento indígena
y de sus experiencias de poder local y de autonomía, a pesar de sus límites,
así como de la lucha popular por los derechos democráticos y los recursos
naturales. Destaca también la recuperación del movimiento sindical y del
campesino, que comienzan a unirse con el movimiento cívico en torno a
un proyecto alternativo de país.

Si se hace un somero balance en México de la evolución de los movimientos
sociales en los últimos veinte años, en particular, se destaca : la
aparición con fuerza en la escena política del movimiento indígena, en
sus diversas manifestaciones ; la permanencia, al mismo tiempo, del gran
movimiento conservador y desesperanzado constituido por la emigración
masiva de millones de mexicanos hacia Estados Unidos, a pesar del peligro
de muerte en el cruce de la frontera y de la discriminación y represión una
vez llegados a su destino ; y, por último, el gran movimiento cívico contra el
fraude y la prepotencia ilegal del aparato estatal, que toma forma a partir
de la elección fraudulenta de Carlos Salinas de Gortari en 1988, crece en
la capital con la lucha contra el desafuero del gobernador, Andrés Manuel
López Obrador, y se mantiene desde la protesta contra el nuevo fraude
electoral que le robó a éste la presidencia de la República para dársela al
candidato de la gran finanza, el gran capital, los terratenientes, la jerarquía
eclesiástica y Washington, Felipe Calderón Hinojosa.

El primero de ellos, el indígena, buscó desde los noventa
y busca aún la igualdad de derechos entre los pueblos originarios y
el resto de la sociedad mestiza y el cese de la discriminación secular contra
aquéllos y su reconocimiento en pie de igualdad en una Constitución
nacional que debería ser reformada con tal fin. Se trata de un movimiento
hacia la integración en la sociedad mexicana, no un movimiento revolucionario
y antisistémico, aunque una parte de los indígenas, en la región de
las Cañadas de Chiapas, se haya alzado en armas y haya construido una
serie de municipios libres, y otra parte de ellos, en Oaxaca o en Guerrero,
haya dado vida a experiencias autonómicas. Ese movimiento también estalló
ante los terribles resultados sociales de la mundialización dirigida por
el capital financiero y que subsumió las regiones rurales y la agricultura, y
por eso los campesinos indígenas que tomaron las armas y combatieron a
partir de enero de 1994 declararon categóricamente que preferían morir de
un balazo a morir de diarrea u otras enfermedades comunes y curables.

El segundo movimiento, el de la emigración, que está
despoblando vastas zonas rurales del país, ha cambiado las características
demográficas y la pirámide etaria mexicana, transformando los pueblitos
en residencias principalmente de viejos, niños y mujeres que viven de
las remesas de los emigrados, y dejando vastas extensiones de tierras
sin producir ; es un movimiento de aquellos que se van porque no tienen
esperanzas de trabajar en México ni de cambiar la sociedad mexicana.
Por su vastedad, ha sido una válvula de escape a la presión campesina ;
ha impedido que el estallido de Chiapas (que en los noventa no era aún
una región de emigración) se repitiese en los otros estados pobres y con
numerosa población campesina. También, para las clases gobernantes, ha
sido un maná, ya que las decenas de miles de millones de dólares que
los emigrados mandaban a sus regiones fortalecieron el peso mexicano y
frenaron el descontento social mientras, al mismo tiempo, la emigración
de los más jóvenes y emprendedores de las regiones rurales, pero también
de las ciudades, aliviaba el trágico desempleo y subempleo masivo
cuando el gobierno no era capaz de cubrir anualmente sino un tercio de
las necesidades de empleo que plantea la incorporación de cada nueva
leva de jóvenes al mercado de trabajo.

El movimiento social más masivo en México, por lo tanto,
es conservador y antinacional, ya que enriquece aún más a EE.UU. (sólo
en impuestos, se calcula, los mexicanos dejan allí 100 mil millones de
dólares por año) con su trabajo (que aporta a México 20 mil millones de
dólares anuales en concepto de remesas). Además, es profundamente nociva,
en México mismo, la percepción popular masiva de que el modelo a
seguir es el estadounidense y de que la solución a todos los problemas es
individual y no colectiva y consiste en incorporarse al mercado de trabajo y
aceptar los valores de EE.UU., al extremo de llegar a enrolarse en las fuerzas
armadas de ese país en Irak, para obtener así el tan ansiado permiso de
residencia o la nacionalidad local.

El tercer movimiento, el cívico, tiene su centro en la
capital, Ciudad de México, en los estados centrales del país, Michoacán,
Tabasco, Guerrero y Oaxaca, que tienen una gran proporción de población
rural e indígena, y en Zacatecas y Baja California Sur, en el norte del país ;
pero tiene escasa influencia en otras regiones, aunque cuenten con buen
número de indígenas, como Yucatán o Campeche, y en los estados mestizos
norteños donde se practica una agricultura masiva de tipo capitalista.
Se trata de un movimiento democrático, legalista y constitucionalista, en un
país en el que la concentración de la riqueza alcanza niveles inigualados
en otras partes del mundo (México tiene el segundo hombre más rico del
planeta y un 30% de su población no llega a percibir un ingreso de un dólar
diario), donde no hay ni ha habido nunca democracia y la ley y la Constitución
son sistemáticamente ignoradas por las clases dominantes. Es por eso
un movimiento subversivo, aunque sus reivindicaciones sean puramente
reformistas y nacionalistas. Pero tiene escasos contactos con las luchas de
los indígenas (y de los campesinos en general), que a su vez sólo margi
nalmente participan en ese movimiento cívico, y tampoco está relacionado
con los movimientos sindicales, a veces muy combativos, como el de los
electricistas o los maestros de Oaxaca, que confluyen con el mismo y a
veces le dan una columna vertebral con su organización, pero no son ni su
motor ni su dirección y participan en él de modo esporádico y tangencial.

Por supuesto, fuera de esos tres movimientos principales,
aunque entrelazado con ellos, está el movimiento obrero, que empieza
a liberarse de los lazos burocráticos y corporativos que ataban los sindicatos
al gobierno y sometían a las bases a direcciones particularmente corruptas
y autoritarias. Y existe igualmente el movimiento campesino, formado por
comuneros, pequeños campesinos y ejidatarios, que está superando las
viejas direcciones campesinas priístas y corporativas. Sobre ellos volveremos
más adelante.

Voir en ligne http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar

Les opinions exprimées et les arguments avancés dans cet article demeurent l'entière responsabilité de l'auteur-e et ne reflètent pas nécessairement ceux du CETRI.