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Birmania

Las metamorfosis de la dictadura

La junta militar birmana, que ha optado por darse una apariencia democrática para salir del aislamiento internacional, ha anunciado la celebración de elecciones que deberían realizarse en 2010. Sin embargo, los militares no renuncian a sus prácticas antidemocráticas. El pasado 2 de octubre condenaron a la líder opositora Aung San Suu Kyi a dieciocho meses suplementarios de prisión domiciliaria ; después la autorizaron a hablar con diplomáticos extranjeros para obtener el levantamiento de las sanciones económicas que pesan sobre el país. Del mismo modo, intentan restablecer la situación en las “regiones especiales”, los territorios habitados por las minorías étnicas.

Frente a las presiones de la comunidad internacional, la junta militar birmana se comprometió a restablecer la democracia. En septiembre de 1988, un golpe de Estado militar había suspendido la Constitución que regía el país desde 1974. Dos años después, la junta se negaba a reconocer los resultados de las elecciones que acababa de perder. Desde entonces, prometió sin embargo una democratización a través de una “hoja de ruta” (“Road Map”) elaborada por el general Khin Nyunt, jefe de los poderosos servicios de inteligencia devenido Primer Ministro en 2003...

Desde luego, dicho plan preveía la celebración de una Convención Nacional encargada de redactar una nueva Constitución, pero la composición de esa estructura –delegados en su mayoría designados por el poder– llevó a la oposición democrática a boicotearla. En tanto, en octubre de 2004 el general Khin Nyunt era separado del gobierno por sus dos principales adversarios, los generales Than Shwe y Maung Aye, por razones de rivalidad y ambiciones personales. El Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo (State Peace and Development Council, SPDC), órgano de decisiones de la dictadura, se deshizo así de un hombre que, gracias a las ramificaciones de sus numerosas redes, representaba un verdadero Estado dentro del Estado ; y, al igual que todos sus predecesores que corrieron la misma suerte, se lo acusó de corrupción, tráfico de influencias y negociados.

Sin embargo, ni las sucesivas recomposiciones del SPDC –bajo el efecto de las purgas operadas por sus facciones rivales– ni la eliminación de Khin Nyunt ni el desmantelamiento de sus servicios secretos hicieron que se abandonara la “hoja de ruta”. Tampoco el traslado en noviembre de 2005 de la capital administrativa de Rangún a Naypyidaw, en el centro del país. La nueva Constitución se aprobó finalmente en mayo de 2008, mediante un referéndum bajo control exclusivo del SPDC.
Unos días antes, el ciclón Nargis había asolado el sur del país, afectando principalmente el delta del Irrawaddy, su tradicional granero de arroz ; pero a pesar de los considerables daños sumados a un terrible saldo de víctimas –más de ochenta mil muertos y cincuenta mil desaparecidos–, el general Than Shwe mantuvo la consulta electoral, salvo en algunas zonas devastadas. Quería así mostrar su indiferencia respecto del oprobio internacional –por no hablar de su total desprecio por la población–, y más aún su determinación : nada detendría el proceso de democracia “encuadrada” destinado a legitimar el poder imperante.

Las elecciones que se llevarán a cabo en 2010 cerrarán supuestamente el período de “transición” iniciado luego del escrutinio de 1990, ampliamente ganado por la Liga Nacional por la Democracia (LND) y sus aliados. A lo largo de estas dos décadas, Aung San Suu Kyi, secretaria general de la LND, convertida en una figura emblemática para un amplio sector de la población, pasó catorce años bajo arresto domiciliario. La extraña llegada de un visitante estadounidense a su casa, en abril de 2009, sirvió a la junta de pretexto para prolongar esta medida dieciocho meses.

Dos tácticas opositoras

Suu Kyi incitó a su movimiento a rechazar un proceso electoral sesgado y exigir la reforma de la Constitución, una actitud a la que la oposición en su conjunto adhirió en un principio. Sólo algunas voces en el seno del Committee Representing the People’s Parliament (CRPP) (1) –especialmente la de su secretario general Aye Thar Aung– pero también en la LND, se elevaron instando a votar, sin hacerlo en nombre de una organización, con el fin de comprometer a los militares en su propio terreno estando presentes.

Sin embargo, si bien nadie se hace ilusiones con un escrutinio que, como el reciente referéndum, tendrá resultados dignos de cualquier régimen totalitario, la idea de participar en él gana terreno en la oposición, particularmente en la LND y el Consejo de las Minorías Étnicas (Ethnic Nationalities Council, ENC) que agrupa a minorías de todas las tendencias, siendo el único freno la ausencia de información respecto del procedimiento electoral a seguir. A pocos meses de su celebración, la junta militar no hizo pública ninguna de sus modalidades, tanto para la inscripción de los partidos y sus candidatos como para el desarrollo y control de la votación.

En cuanto al texto de la nueva Constitución, fue muy poco difundido : desde el mes de febrero de 2009, se lanzaron al mercado de Rangún sólo algunos ejemplares. Ahora bien, entre sus disposiciones, figuran la prohibición a toda persona que mantenga relaciones con el extranjero de ser candidata en una elección, así como el predominio del ejército, arrogándose su comandante en jefe la facultad de disolver el Parlamento ante cualquier acontecimiento que pudiera representar una amenaza para la seguridad o la integridad del país. Esta última disposición presenta como corolario la disociación de los roles de presidente y jefe de las fuerzas armadas, aunque esta norma poco satisfaga al propio Than Shwe : al acumular actualmente ambas funciones, habría preferido el statu quo.

Pero muchos otros generales con cierta antigüedad manifiestan su resentimiento respecto del SPDC frente a la obligación de tener que abandonar su uniforme para consagrarse a la vida política. Ya que al ocupar una banca en el Parlamento, e incluso en una simple institución regional, perderán las facultades y privilegios que les confiere hoy su cargo. Además, saben que no todos “recuperarán” un lugar en el Consejo Nacional de Seguridad y Defensa (CNSD) que reemplazaría al SPDC : no sólo quedarán rezagados, sino que será una apreciable ventaja para sus cadetes en el ejército.

Para hacer frente a semejante descontento, Than Shwe solicitó a varios de sus fieles que abandonaran sus puestos a fin de dar el ejemplo. Ocho ministros, entre ellos el de Bosques, general Thein Aung, y el de Industria, general Aung Thaung –quien participó activamente en la represión de las manifestaciones de los monjes budistas en septiembre de 2007–, deberían así renunciar. Al igual que el alcalde de Rangún, general Aung Thein Linn, quien puso de rodillas a los bonzos más comprometidos en la lucha e impidió en la ex capital las manifestaciones.

El futuro Parlamento, bicameral, tendrá seiscientos sesenta y cuatro representantes, un cuarto de los cuales serán militares designados. Sin embargo, el CNSD, que controlará el destino del país, sólo tendrá once miembros : el presidente y sus dos vicepresidentes, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y su segundo, así como un puñado de ministros (principalmente ex generales) encargados del Interior, Relaciones Exteriores, Defensa, Finanzas, Regiones Fronterizas y Bosques. Y si bien ambas Cámaras designarán al Presidente de la República, éste será necesariamente el jefe (actual o anterior) de las Fuerzas Armadas. Finalmente, de los dos vicepresidentes también nombrados por las Cámaras, uno deberá surgir de las minorías étnicas.
Mediante la mencionada disposición, la dictadura birmana reconoce la importancia de estas minorías (ver recuadro), aunque no deja de intentar frenar por todos los medios su influencia en el plano político, tal como se observó en las múltiples sesiones de la Convención Nacional, donde todas las solicitudes realizadas por representantes de estas minorías fueron sistemáticamente rechazadas.

Sin embargo, la junta necesita estructuras políticas que la representen en las elecciones para ganar en credibilidad ante la opinión pública internacional. A comienzos de la década de 1990, Than Shwe creó para tal fin una organización de masas, la Union Solidarity Development Association (USDA). Than Shwe, ex jefe de los servicios de acción psicológica, comprendió perfectamente que nada mejor que los partidos representantes de las minorías étnicas, durante mucho tiempo en guerra contra el poder central, para hacer valer una legitimidad democrática.

Mientras tanto, como la nueva Constitución sólo atribuye a las “regiones especiales” Nº 1, 2 y 4 –los territorios de las minorías étnicas limítrofes con China (ver mapa)– el estatuto de División Regional de Administración Autónoma (Self-Administrated Division, SAD), la situación se tensó a lo largo de la frontera “interior” que separa a dos de ellas, las regiones Nº 2 y 4, del resto de Birmania.

En 1989, tras la implosión del Partido Comunista Birmano (PCB) que contaba con el apoyo de China y cuyas tropas estaban conformadas por montañeses pertenecientes a minorías, la junta negoció los ceses del fuego por iniciativa del general Khin Nyunt. En cuanto al retorno a la comunidad nacional, a estos grupos se les propuso conservar sus armas y administrar libremente sus zonas de implantación geográfica, las famosas “regiones especiales”... hasta que finalizara un procedimiento negociado donde, a cambio de la paz, depondrían dichas armas y crearían sus propias estructuras políticas.
Pero, en los últimos años, el ejército birmano –bajo el impulso del general Maung Aye, visceralmente opuesto a la política conciliadora de los alto el fuego– no dejó de ejercer presiones sobre estos grupos para que entregaran sus armas sin recibir nada a cambio.

Los incidentes se multiplicaron desde diciembre de 2008, al intentar el ejército birmano dividir estas zonas geográficas con el propósito de aislarlas. La respuesta de los wa de la región Nº 2 fue inmediata : por un lado, el envío a la región Nº 4 de refuerzos del United Wa State Army (UWSA) a los grupos akha, lahu y shan de Sai Lin, su principal aliado ; se trata de mantener un lazo territorial y asegurar la defensa de la ciudad de Mong La, cruce estratégico de esta región ; por otro, la instauración de un toque de queda para atravesar los escasos puentes que cruzan los ríos. Por su parte, el ejército birmano apostó entre cuatro mil y cinco mil soldados a orillas del río Salween, y construyó fortines en las alturas que dominan el puente de Tai Ping, en la ruta de Mong La. Finalmente, las tropas de Sai Lin cavaron trincheras y reforzaron los puntos de control.

A comienzos de 2009, la tensión aumentó. El USWA detuvo en Taweungieng, en el sector de Monghsu, la construcción de un puente sobre el Salween que debía facilitar el acceso al territorio wa, e infligió al poder central una verdadera afrenta desarmando la escolta de Ye Myint, jefe de inteligencia militar birmano, cuando este último iba de visita a Panghsang, el cuartel general de los wa.

El ejército birmano continuó con sus demostraciones de fuerza, sobre todo al este del Estado shan, donde el general Kyaw Phyo, responsable del comando instalado en Kengtung, despliega regularmente sus columnas de blindados y su artillería de fabricación china. En abril, el SPDC recordó que con la nueva Constitución todas las fuerzas armadas estarían en adelante bajo la autoridad militar birmana. Sin embargo, el general Ye Myint propuso en junio a los ex grupos comunistas transformarse en batallones de guardias de frontera dirigidos por oficiales birmanos. Ante su masivo rechazo, la junta no podía aceptar el desprestigio durante mucho tiempo más, y encontró sin dificultad un ángulo de ataque arremetiendo contra los grupos chinos de Kokang, en la región Nº 1.

El ejército birmano ya estaba presente en la región, debido a las múltiples disputas intestinas que enfrentan, desde hace dieciocho años, a los numerosos jefes de clanes cuyas milicias agrupadas constituían el Myanmar National Democratic Alliance Army (MNDAA). Así, la coalición de las milicias de Kokang se disolvió a fines de agosto y se asistió a una repetición de los acontecimientos de 1993, con el mismo desenlace : la expulsión del dirigente Pheung Kia Shin tras la victoria del ejército birmano. Sobre este “incidente” menor, China no reaccionó.

Evitar el extremismo

Actualmente todo depende de la tenacidad que demuestren los generales birmanos respecto de los demás grupos armados, y sobre todo de las circunstancias en las cuales se presente la próxima disputa. El Shan State Army South (SSA-S) del coronel Yord Serk, cuyos santuarios y campamentos reciben apoyo en la frontera tailandesa, en el sur del Estado shan, acelera el reclutamiento así como la formación de sus cuadros. Compartiendo con la oposición democrática el rechazo por las próximas elecciones, la resistencia shan constituye la principal fuerza armada aún en lucha contra la junta, y su influencia se extendió a dos tercios del territorio shan, donde desarrolla una intensa propaganda.

Sin embargo, a pesar de las fuertes crispaciones, no es cierto que la situación derive en un enfrentamiento general : no sólo ninguna de las partes presentes tiene intención de jugar la carta del extremismo, sino también y sobre todo el “gran hermano” chino nunca dejará desarrollar a sus puertas un conflicto que afecte sus intereses económicos y estratégicos, por no hablar de su influencia en esta parte del mundo. China proclama enérgicamente su intención de precaverse de cualquier injerencia en los asuntos internos birmanos ; y si bien apoya indirectamente a las minorías étnicas vecinas, sigue siendo el principal aliado militar, diplomático y financiero de la dictadura birmana en la escena internacional.

Pekín practica, pues, un doble juego permanente entre el poder de Naypyidaw y estas minorías, alimentando o calmando la irritación de unos y otros en función de sus propias necesidades del momento. Así, hasta antes de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, hizo saber a los diferentes protagonistas que no toleraría el menor estallido de violencia cerca de su territorio.

Birmania cuenta con una ventaja considerable –sus yacimientos de gas offshore– y se convirtió en la principal salida para las exportaciones provenientes del Yunnan chino. También ofrece el acceso a los mares cálidos –sin tener que toparse con el cerrojo marítimo del estrecho de Malaca–, una salida directa hacia Medio Oriente y su petróleo, y hacia África... Por supuesto, India codicia también los recursos naturales de Birmania y el potencial mercado que representa para sus propios productos. Por lo demás, los generales birmanos en el poder saben perfectamente sacar rédito de la competencia entre las potencias china, india... y rusa.

Pekín participa ya en gran medida en las inversiones, la construcción de infraestructura y los programas de desarrollo agrícola en Birmania. Y, para luchar contra el tráfico de droga que les preocupa, las autoridades chinas se dedican, desde hace tres años, a desarrollar allí un cultivo de sustitución. A fin de convencer a las poblaciones locales de detener el cultivo de adormidera, aprovecharon la grave deforestación que padecen las regiones Nº 2 y 4 para introducir allí plantaciones de heveas administradas por las compañías gubernamentales de Yunnan, cuyo monopolio poseen, comprometiéndose a comprar la cosecha de látex en su totalidad. En consecuencia, habitantes de pueblos enteros se movilizaron a lo largo de miles de hectáreas, en montañas donde las jóvenes heveas se divisan a lo lejos.

Esta abundante mano de obra local se encuentra sin embargo respaldada por cientos, e incluso miles, de trabajadores chinos traídos especialmente por las empresas Hong Yu y Nong Chang.

Objeto de codicia

Lejos se está de la agricultura tradicional, ya que se introdujeron sofisticados métodos de riego automático para garantizar el crecimiento de los árboles y su productividad : tuberías de cientos de kilómetros alimentadas por bombas eléctricas extraen agua de los ríos que corren en el fondo de los valles. Pero son muchos los montañeses descontentos de ver las tierras vendidas a estas empresas chinas (en la región Nº 4, por ejemplo, mientras que la mitad de ellas pertenece a su dirigente Sai Lin, la otra fue otorgada a la compañía Hong Yu), mientras que ellos mismos se ven reducidos a ser simples obreros agrícolas. Más aún cuando el programa de plantación sirve para justificar la creciente inmigración china en el Estado shan... y en el resto de Birmania, incluso en el Estado karen.

China no se detiene allí. Inunda el mercado birmano con sus productos y saquea sin vergüenza sus materias primas. Las exportaciones de teca, que habían sido prohibidas, se reanudaron en 2008 desde el Estado kachin ; del mismo modo, el carbón extraído de los yacimientos de hulla reactivados estos últimos años en el Estado shan parte masivamente hacia China, que invierte también en numerosas represas hidroeléctricas, particularmente en los Estados kachin, shan y karen, y no duda en reemplazar a Tailandia cuando este país (frente a las restricciones presupuestarias producto de la crisis económica mundial) se desvincula de algunos proyectos, como la represa de Ta Sang en el río Salween.

Finalmente, con vistas a asegurarse abundantes reservas energéticas, Pekín hizo todo lo posible, en 2005, para quitarles a los indios el gas birmano y planea ahora construir un gasoducto y un oleoducto que transportarán hidrocarburos desde las terminales instaladas en el puerto de aguas profundas de Kyaukpyu, en la isla de Ramree a la altura de Arakan, hasta Kunming, en Yunnan, a partir de 2012.

Tanto su pragmatismo como su visión a largo plazo incitan al Estado chino a no descartar ninguna corriente política en Birmania, a fin de poder adaptarse al menor cambio de régimen. Ya no duda pues en enviar a sus emisarios a encontrarse con las diferentes tendencias de la oposición demócrata y las minorías étnicas, en lugar de recibir simplemente a sus delegaciones. Y, manteniendo una relación privilegiada con los principales grupos que firmaron el alto el fuego, manifestó recientemente su interés por la resistencia armada shan (2).

Actualmente, China tiene en cuenta a las minorías étnicas, pero por otras razones y otros objetivos que la dictadura birmana. Para esta última, la paradoja es evidente : todavía no quiere oír hablar de independencia ni tampoco de una mayor autonomía de sus territorios, pero nunca necesitó tanto de estas minorías para legitimar su mantenimiento en el poder.

Según un responsable de la oposición democrática que dispone de fuentes cercanas al poder, el equipo que debería surgir de las elecciones en 2010 estaría ya decidido : el general Than Shwe sería el futuro presidente, y tendría como vicepresidentes a dos de sus principales apoyos, al ex ministro de Industria Aung Thaung y al dirigente más carismático de la minoría pa-o, Aung Kham Hti (3). En cuanto al actual número dos, el general Maung Aye, sería nombrado comandante en jefe y asistido por el general Thura Shwe Mann, fiel seguidor de Than Shwe mencionado a menudo como futuro sucesor. Si este escenario se concretara, la junta obtendría a la vez la estabilidad del ejército y el fortalecimiento de su propia posición a la cabeza del país. ♦


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