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América Latina

La política laboral de los gobiernos progresistas

Durante la década en curso, varios países latinoamericanos
y especialmente los del Cono
Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay)
experimentaron la asunción de gobiernos
calificados o autodenominados como
progresistas, los que vienen desarrollando políticas
laborales más o menos diferentes de las
que los precedieron, más o menos ajustadas
a las recetas neoliberales. Esos mismos cambios
de gobierno, entre otros muchos factores,
permiten pensar en un debilitamiento del impulso
neoliberal. En ese marco, una reflexión
sobre la política laboral posneoliberal de los
gobiernos progresistas de América Latina
plantea, por lo menos, tres problemas previos,
a saber: primero, la delimitación de la política
laboral; segundo, una toma de posición sobre
la superación —o no—, en esa área, del neoliberalismo,
y tercero, como quiera que esto
constituye una preocupación que se verifica
especialmente respecto de los denominados
gobiernos progresistas de la región, habría
que agregar la cuestión del sentido que demos
al concepto de gobierno progresista.

Podemos, al menos a los efectos de estas líneas,
considerar la política laboral como aquella
parte de la política general, y de la social en
particular, referida a las relaciones laborales,
con especial énfasis en la situación de los trabajadores
y sus organizaciones. La política
laboral se vincula estrechamente con otras
políticas sociales, lo mismo que con la política
económica, pero justamente, el grado de subordinación,
coordinación o supraordenación
de aquella a alguna de estas determinará, por
una parte, la importancia que se esté dando
a lo laboral, y por otra parte será fundamental
para calificarla política y económicamente. La
centralidad, dependencia, marginalidad o aun
inexistencia de una política laboral será, desde
este punto de vista, una cuestión central.
En un esquema neoliberal, la política laboral
se disuelve en la económica y en el mejor de
los casos solo existe para servirla. En un esquema
de valoración de lo social, la política laboral
cobra importancia propia y autonomía.

La segunda cuestión previa se refiere al neoliberalismo
y al posneoliberalismo
. Como
quiera que durante los últimos decenios el
neoliberalismo ha sido el pensamiento económico
hegemónico e inspirador de la mayor
parte de las políticas económicas adoptadas
en nuestros países, inevitablemente influyó
fuertemente en las políticas laborales. Esto se analiza con cierto detalle en el primer capítulo
de este ensayo. En los demás capítulos se tratará
de discutir si esa etapa fue o está siendo
superada en nuestros países y cuáles serían
los elementos que denotarían la emergencia
de una política laboral posneoliberal.

Ahora bien, una política laboral posneoliberal
puede serlo plena o solo parcialmente, y también
puede no ser necesariamente progresista.
Como quiera que diversos gobiernos latinoamericanos
han dado en ser calificados o
autocalificados como progresistas, la tercera
cuestión de previo pronunciamiento sería la de
aproximarse a la caracterización de un gobierno
como progresista. Advirtiendo que el concepto
de gobierno progresista parece vago,
en una primera aproximación podrían considerarse
como progresistas los gobiernos de
izquierda, lo que de todos modos derivaría la
cuestión a la definición política de la izquierda,
asunto de particular dificultad, especialmente
en tiempos como los actuales, de cierta crisis
de identidad de esos sectores políticos.
Un avance relativo, pero de cierta firmeza conceptual,
podría alcanzarse adoptando, aunque
solo sea como hipótesis de trabajo, a efectos
instrumentales, la concepción de Bobbio, de
conformidad con la cual lo que en última instancia
distingue a las izquierdas de la derecha
es la preocupación por la igualdad. [1] En tal
caso, podrían ser considerados gobiernos de
izquierda —y por tanto, progresistas— aquellos
que tienen como norte la disminución de
las desigualdades. Tal enfoque nos permitiría
incluir en el concepto en análisis algunos gobiernos
que, aun sin tener una definición ideológica
coincidente con lo que tradicionalmente
se define como izquierda, muestran, al menos
en el campo social, una preocupación por fortalecer
la posición de los trabajadores tanto en
el plano individual como en el colectivo.

Por lo demás, en un marco algo mayor, que
inevitablemente involucra la política económica
más allá del sistema de relaciones laborales,
parecería inevitable identificar la distribución
de la renta y la inclusión social como
objetivos ineludibles del progresismo (las
derechas pueden hacer asistencialismo pero
difícilmente redistribución y, tarde o temprano,
la desigualdad que les es ínsita deriva,
especialmente en el mundo subdesarrollado,
en exclusión social). De tal modo, un gobierno
progresista no podría ser calificado como
auténticamente tal en tanto mantuviera o ampliara
la concentración de la renta y demás
desigualdades, aun cuando en el sistema de
relaciones laborales mostrara una preocupación
por la protección del trabajador y la promoción
de sus organizaciones. Así, una política
laboral progresista (esto es, enfocada en la
igualdad y la inclusión, y por tanto también en
la protección y la redistribución) no puede ser
sino posneoliberal, en el sentido de superadora
del neoliberalismo.Cabe, sin embargo, advertir que en alguna medida, y más bien en el terreno propiamente político, se ha acuñado otra significación
de progresismo qu [2]
A partir de tal ubicación, nos proponemos
desarrollar este ensayo en cinco partes: en
la primera intentaremos señalar qué ha pasado
en los últimos 20 años del siglo XX con la
política laboral; en la segunda procuraremos
mostrar que se están registrando cambios en
lo que va del nuevo siglo e identificar cuáles
son las vías y direcciones de tales modificaciones;
en la tercera nos referiremos a los límites
de esos cambios; en la cuarta intentaremos
definir cuáles podrían ser, hoy, algunos
de los lineamientos de una política laboral
posneoliberal; y en la quinta abordaremos la
no siempre fácil relación de los sindicatos con
los gobiernos progresistas. Finalmente, en las
conclusiones, luego de resumir el actual estado
de situación, se deja planteada una serie
de interrogantes.

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Footnotes

[1Norberto Bobbio: Derecha e izquierda, trad. esp., Madrid, 1995.

[2e lo diferenciaría de la izquierda tradicional sin precisar muy bien su contenido propio. En efecto,
así usado, el vocablo progresista no parecer significar otra cosa que, o bien una especie de izquierda light, leve, liviana o moderada,
o bien, en ocasiones, una simple expresión acuñada por izquierdistas vergonzantes que tratan de asumir una nueva
imagen. Pero en ninguno de estos casos hay una explícita definición de contenidos como los ensayados en el texto.


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