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Chile

El regreso de los chicago-boys

El jueves 11 de marzo, el millonario Sebastián Piñera sucedió
oficialmente a la
presidenta socialista Michelle Bachelet. Elegido jefe de Estado en enero, el dirigente
de Renovación Nacional (RN) conquista la primera magistratura en nombre
de la coalición Alianza por el Cambio (que reagrupa a neoliberales y ultraconservadores).
Es un giro histórico y político: el último presidente de derechas
había sido Jorge Alessandri en... 1958. Refiriéndose a la transición democrática
que puso fin a la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1989), algunos
analistas no dudan en hablar de una “segunda transición”.

Tras diecisiete años de un terrorismo de Estado contrarrevolucionario que puso
fin a la experiencia de la Unidad Popular de Salvador Allende –y a dos decenios
de una democracia bajo tutela establecida en una “transición pactada”, conducida
por la Concertación de los Partidos por la Democracia, coalición entre el Partido
Socialista (PS) y el Partido Demócrata Cristiano (DC)–, el pueblo chileno conocería
en adelante las alegrías de la alternancia ... [1]. Frente al apagado ex-presidente
Eduardo Frei (DC), el mediático Piñera –“Berlusconi chileno” con un bronceado
permanente y dientes resplandecientes– ha prometido maravillas a golpe de
ingeniería de marketing y televisual: crecimiento sostenido del 6% destinado a
hacer olvidar la crisis capitalista internacional, creación de un millón de empleos,
combate contra la pobreza... todo ello acompañado de un fuerte discurso en materia
de “seguridad ciudadana” y el “fin de la delincuencia” (al menos de la de las
clases populares; es seguro que los de “cuellos blancos” no se alarmarán...).

Una derrota que viene de lejos

La derrota es amarga para la Concertación que creía poder jugar aún la lógica del
“voto útil” frente a los fantasmas de una derecha marcada a fuego por su apoyo a
la dictadura. Pero Piñera, afirmándose como “humanista”, ha sabido recordar que
había votado No a Pinochet en 1988, sin por ello poder distanciarse de su pasado
de nuevo rico salido del régimen militar, ni de su alianza con la Unión Democrática
Independiente (UDI), derecha reaccionaria “pinochetista” (cercana al Opus Dei y
primera fuerza del Congreso). Los diputados del centro-izquierda esperaban que la
imponente popularidad de la presidenta Bachelet y sus recientes reformas a favor
de los más pobres podrían hacer olvidar el pasivo de decenios de social-liberalismo:
justicia para las víctimas de la dictadura “en la medida de lo posible”, permanencia
de la ley de amnistía de 1978 y la muerte de Pinochet sin haber sido juzgado; “economía social de mercado” en la que lo social sirve para hacer aceptar un
proyecto macro-económico fundamentalmente al servicio del gran capital; ausencia
de voluntad política para poner definitivamente fin a la Constitución autoritaria
de 1980; acuerdos múltiples con la derecha en el Parlamento; política medioambiental
desastrosa sometida a los designios de las transnacionales; represión no desmentida
de las reivindicaciones históricas del pueblo mapuche y autismo frente a
las reivindicaciones estudiantiles y salariales... [2]

A este ritmo, ¿cómo extrañarse de que haya cada vez más ciudadanos que se alejen
de las urnas y de los grandes partidos institucionales (el 31% de los chilenos en
edad de votar, es decir 3,8 millones de personas, ni siquiera están inscritos en los
registros electorales) y que quienes se desplazan para poner una papeleta de voto
en la urna hayan elegido mayoritariamente “el original” (un patrón millonario
ambicioso) más que “la copia” (un senador DC cuya presidencia no ha dejado buenos
recuerdos a las clases populares y a los organismos de defensa de los derechos
humanos)? Frei ha intentado agitar un trapo rojo entre las dos vueltas: “Durante la
campaña, nuestros adversarios han dicho siempre que la Concertación está agotada
por haber gobernado ya durante 20 años. Pero ellos mismos han estado en el
poder durante 17 años y Chile ha ido mucho mejor con la Concertación que
durante sus años (de dictadura, se entiende)
”. Esto no ha bastado, como tampoco
el apoyo recibido del Partido Comunista y de su coalición, Juntos Podemos.

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Footnotes

[1Ver un análisis de las elecciones en F. Gaudichaud, “Un entrepreneur multimillionnaire à la tête du Chili”. Le
Monde Diplomatique, 19/01/2010, www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010-01-19-Chili. Ver también para más
informaciones la selección de artículos que he realizado, junto con Mario Amorós, para rebelion.org: “Elecciones
Presidenciales 2009-2010”, www.rebelion.org/apartado.php?id=313

[2Ver “Le Chili. Un pays modèle?”. En F. Gaudichaud (dir.) Le Volcan latino-américain. Gauches, mouvements
sociaux et néolibéralisme en Amérique latine. París: Textuel, (2008), págs. 315-336.


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