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Colombia : La primavera de los movimientos sociales

Hace 25 años Colombia no vivía una jornada de protestas de la magnitud y la radicalidad que se ha visto en las últimas dos semanas. Las manifestaciones, marchas, plantones, bloqueos de carreteras protagonizadas por campesinos, productores agrarios y sectores populares solidarios han sido masivas y se han esparcido a lo largo y ancho de todo el país. El Paro Nacional Agrario es un hecho social y político de gran importancia nacional.

La propiedad de la tierra, el reconocimiento de la territorialidad campesina, la implementación de políticas frente a la crisis de la producción agropecuaria, la inversión social para la población rural y urbana, la participación de pequeños y medianos mineros en la formulación de la política del sector y las garantías para el ejercicio de los derechos políticos de la población rural, son los campos temáticos que estructuran las demandas de los actores sociales de “la Mesa de Interlocución y Acuerdo Agropecuaria y Popular”. Entre estos actores están organizaciones campesinas y productores agrarios, centrales obreras, viviendistas, maestros, estudiantes, partidos y movimientos políticos, organizaciones de desplazados, movimientos de víctimas, organizaciones de mujeres, movimientos de la salud, y movimientos comunales [1].

El Paro tenía el objetivo de protestar contra las políticas económicas del actual gobierno del presidente Juan Manuel Santos. También denunciaron los graves efectos que están sufriendo debido a la implementación de los Tratados de Libre Comercio, especialmente con Estados Unidos. De cara a este paro nacional, los campesinos, indígenas y afrodescendientes llevan movilizándose desde el pasado 17 de agosto en los departamentos de Antioquia, Choco, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Putumayo, Huila, Caquetá, Tolima, Meta, Guaviare, Arauca, Casanare, Cundinamarca, Boyacá y Santander.

¿De quienes hablamos cuando hablamos de campesinos ?

Los sujetos sociales incluidos en la categoría teórica de campesinos, hoy constituyen una forma social específica en el interior de la totalidad social, establecida por las relaciones sociales capitalistas, diferenciada, pero en correspondencia con las relaciones hegemónicas instituidas entre capital y trabajo. Los campesinos tienen una forma de relación con la propiedad, con la naturaleza, con el capital y con el mercado, que determina características socioculturales singulares, constituyendo una totalidad económica, social, política y cultural específica. (Bonamigo, 2007).

La formación social del campesinado es un proceso histórico singular, que varía de un contexto a otro, de acuerdo con sus luchas y experiencias. Las zonas rurales de cada país latinoamericano expresan una diversidad de formas de ocupación de espacios y de formas de organización del trabajo, que incluyen actividades agrícolas, pecuarias, piscícolas, mineras o de agroindustria.

Por esto, la construcción teórica de la categoría campesinos no es homogénea, pues no abarca un sujeto social con características y fronteras sociales claramente definidas, de donde se concluye que sobre el concepto de campesino, no se encuentra un único rostro. Pueblos indígenas originarios, afrodescendientes, colonos, agricultores familiares de origen, mestizo, parceleros, jornaleros, arrendatarios, mineros artesanales, pescadores, son incluidos por numerosos autores como campesinos.

Carvalho (2005) propone para la comprensión de los sujetos rurales identificados como campesinos, aquella multiplicidad de sujetos sociales, que vive de su trabajo en la tierra y de la tierra, o en el campo y del campo, y que detentan, en mayor o menor grado, determinada propiedad sobre la tierra y sobre instrumentos de trabajo, así como diversas formas de relación e intercambio con la tierra. Se excluye de esta pluralidad de sujetos sociales campesinos a los latifundistas, a los dueños de agronegocios y megaproyectos rurales y a todos aquellos que explotan la fuerza de trabajo rural para hacer de la tierra, una tierra mercantilizada en función de la extranjerización y commodities agrarios del capital financiero especulativo y no tierra de trabajo.

Sobre estas relaciones sociales para vivir en y de la tierra, el campesinado, construye una identidad social, a partir de políticas de identidad que se reafirman en las luchas para permanecer en la tierra como campesinos, resistiendo la opresión y expropiación capitalistas. Esto constituye una economía moral del campesinado, en relación-tensión con el orden hegemónico capitalista, que configura rutinas, tiempos y ritmos de trabajo familiar y colectivo que varían de acuerdo con las formas de apropiación de la naturaleza, determinadas por la cultura, los saberes, los hábitos de cultivo y crianza, la religiosidad, supersticiones, memorias sociales y por la correlación de fuerzas expresadas en la totalidad de la sociedad (Carvalho, 2005 : 192).

El sociólogo brasileño Octavio Ianni (1988), considera además que esta cosmovisión de la vida campesina se construye en lazos comunitarios, que van más allá́ del apego a la tierra y a los modos de trabajar, conformando una totalidad que involucra misticismo, poética, economía, política y cultura, por eso la comunidad asume, en el contextos campesinos, una referencia social determinante de los comportamientos de las personas [2].

La cuestión agraria es uno de los orígenes del conflicto

El paro nacional realizado pacíficamente por cientos de miles de campesinas y campesinos, ha abierto la posibilidad para que el sector agropecuario del país tome un rumbo diferente al que le han marcado el modelo económico y las políticas agrarias de gobierno tras gobierno.

La cuestión agraria es uno de los orígenes del conflicto social y armado en el país.

La ONU en su estudio anual sobre desarrollo social en 2011, titulado : “Colombia Rural Razones para la Esperanza”, afirmó que la tercera parte de la población rural vive en pobreza extrema aunado a que el 75,5% de los municipios que conforman el país son rurales. Ese informe ONU denuncia que “El modelo de desarrollo rural construido es altamente inequitativo y excluyente, propicia innumerables conflictos rurales, no reconoce las diferencias entre los actores sociales, y conduce a un uso inadecuado y a la destrucción de los recursos naturales [3].

Hoy un litro de leche producido en el país cuesta más que el mismo litro de leche de las vacas norteamericanas o la leche producida en el viejo continente, con el agravante de la entrada en vigencia los TLC, y sin la protección adecuada de la producción nacional “ya ni siquiera vamos a alimentarnos los colombianos de nuestra tierra”, explica a la agencia “Prensa Rural, Juan Álvarez, campesino lechero del Sumapaz [4].

De acuerdo a las cifras de la Defensoría del Pueblo, el 40% de los colombianos, unos 20 millones de personas, están en condiciones de inseguridad alimentaria.

El Presidente Juan Manuel Santos, en su intervención del 26 de agosto de 2013, al culminar una de las rondas de conversaciones con líderes agrarios del paro nacional planteaba que “los campesinos están como una de las prioridades de este gobierno”, además, para explicar porqué a su entender no había un paro nacional, afirmaba que : “La explicación de la frase es muy sencilla : ¿porqué no hay un paro nacional agrario ? Porque no es nacional, sino está localizado en unos departamentos determinados y no es la totalidad del sector agrario, porque hemos venido, dentro de la política de ir solucionando los problemas, hablando con muchos sectores como el sector cafetero, como el sector arrocero, como el sector cacaotero, muchos sectores que no están participando en el paro. Pero de ninguna manera quería yo subestimar la importancia de los reclamos de los paperos, de los lecheros y por eso si fue mal interpretada mi frase o por haber dado ese ‘papayazo’  [5]”.

Frank Molano Camargo, docente universitario e investigador social, subraya que “Santos tiene razón en que no son todos los sectores agrarios los que participan, ni todas las regiones, no están los floricultores, los inversionistas de agrocombustibles, los bananeros, en fin quienes más se han beneficiado de las políticas agrarias que favoren a los sectores vinculados con el modelo de agronegocio para exportación, aquellos sectores “consentidos” por el modelo de desarrollo excluyente. Los centros de la lucha campesina están en los sectores y regiones más afectados por el modelo [6].

El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y sus 120 autoridades tradicionales informan a la opinión pública “que la grotesca declaración del presidente Santos, es un acto de desconocimiento e irrespeto o a la soberanía nacional cuando trata de minimizar e invisibilizar las marchas pacíficas diciendo que el “El tal paro nacional agrario no existe, que los bloqueos son minúsculos y que son solo 10 o 15 personas, que la situación está bajo control y los problemas se están solucionando”, por el contrario lo que el presidente debe reconocer es que no existen políticas públicas que favorezcan a los pequeños productores, a quienes por el contrario afecta de manera directa con la firma de los Tratados del Libre Comercio” [7].

Oposición al modelo de desarrollo rural y TLC

El libre mercado es incapaz de resolver los problemas sociales, económicos y políticos de las grandes mayorías del campo. A esto contribuye, sin duda, uno de sus instrumentos más importantes : los TLC, especialmente el suscrito con Estados Unidos.
Los TLC están en el centro de las recientes movilizaciones campesinas.

El CRIC sostuvo que el movimiento indígena alertó al país en marzo de 2004 sobre las nefastas consecuencias que tendría el TLC para el sector agrario nacional.
En tal sentido recordó que la Consulta Popular y Ciudadana en seis municipios indígenas del Cauca dio como resultado un rechazo del 90 por ciento a la firma del TLC con Estados Unidos.

Gabriel J. Tobón Quintero, profesor e investigador de la Universidad Javeriana, considera que “el gobierno y sus socios más cercanos -los grandes productores y las empresas multinacionales- han sido autistas y se niegan a oír los reclamos de los campesinos y de los académicos que han advertido sobre las desventajas y asimetrías que traen consigo los TLC [8].

Estas desventajas fueron anticipadas, entre muchos otros, por el estudio que Luis Jorge Garay y sus colaboradores elaboraron para Planeta Paz y Oxfam, donde señalaron que el 70 por ciento de los campesinos se verían empobrecidos por el TLC y 1,36 millones de hogares perderían alrededor del 16 por ciento en sus ingresos.
También Europa tendría consecuencias negativas por el TLC con Colombia. Jürgen Klute, eurodiputado del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea GUE/NGL ha presentado en diciembre de 2012 el estudio “Free Trade Agreement EU – Colombia & Peru : Deregulation, illicit financials flows and money laundering“, aclarando que “es hipócrita que se les facilite nuevos mercados a empresas trasnacionales caracterizadas por la evasión de impuestos y la utilización de paraísos fiscales ; además, facilitar la entrada a la UE de capitales de procedencia criminal, provenientes del narcotráfico no va a ayudar a resolver la crisis europea, sino que la va a empeorar” [9].

La lucha en contra de la segregación urbana

La movilización campesina ha contado con un apoyo inimaginable de sectores urbanos.

Mientras el presidente Juan Manuel Santos ha querido por todas las formas bajarle el perfil al paro agrario, en Bogotá los protestantes han encontrado un aliado del lado del Estado. Ese aliado les dijo por twitter : “Espero a todos los campesinos de Colombia a la Bogotá Humana. Por un pacto social por la tierra” : es el alcalde de Bogotá Gustavo Petro.

El burgomaestre capitalino, a través de su cuenta de Twitter pidió al Gobierno Nacional continuar con las negociaciones : “Yo le pido al Gobierno Nacional que mantenga la negociación social con el campesinado (…) El vandalismo [10] pagado no puede ser el pretexto para levantase de una mesa. Ni la de la Paz, ni la social que discute el TLC”.

Petro indicó que “un radicalismo está ayudando a otro radicalismo, el de la derecha, que quiere acabar los diálogos de Paz [11].

La actual administración de Bogotá, encabezada por Gustavo Petro, ha propuesto cambios estructurales que son absolutamente necesarios para el desarrollo y la sostenibilidad de la capital.
Esta administración (que representa el punto de avanzada del partido Progresistas que se está aliando con los Verdes y Compromiso Ciudadano por las próximas elecciones presidenciales) trata de avanzar en tres grandes cambios estructurales : i) el ordenamiento del territorio alrededor del agua, ii) una disminución de la segregación socioeconómica en el espacio urbano, y iii) una modificación sustantiva en las finanzas de la ciudad. Estas medidas están concebidas bajo el siguiente principio : sin equidad no hay sostenibilidad [12].

Los violentos disturbios realizados en los barrios periféricos del sur de Bogotá evidencian la necesidad de enfrentar la segregación.
Toda la parte sur-occidental de la ciudad, como Bosa, Ciudad Bolívar y Rafael Uribe son casos complejos donde la segregación es muy marcada ; son zonas muy deprimidas, sin salud, educación, servicios insuficientes, etc., que pueden disminuir su nivel de segregación con el acceso a nuevos equipamientos, vías y el mejoramiento de las viviendas, lo cual aumentaría el nivel de calidad de vida”.
Así lo aseguró el Secretario Distrital de Planeación SDP, Gerardo Ardila, durante su intervención en el Seminario “Bogotá, una ciudad que lucha contra la segregación”, realizado el pasado 14 de agosto en el Auditorio Huitaca de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Existe segregación cuando se concentra en un mismo lugar gente con las mismas características, ya sea por condiciones sociales, económicas, religiosas, de género, etc. Cuando existe mezcla social la segregación disminuye. La segregación tiene muchas dificultades y consecuencias como la movilidad social y aumenta las brechas en la capacidad de ingreso. Si hay malas escuelas en los barrios pobres, los resultados de los estudiantes no serán buenos, es decir, su competitividad es menor comparada con la que tienen los menores con alta calidad en la educación. Lo ideal de la no segregación es que los niños ricos y pobres estudien en el mismo lugar”, manifestó Jorge Iván González, asesor de la SDP [13].
« Una ciudad liberal siempre será una ciudad segregada » ha comentado el sociólogo Didier Lapeyronnie, de la Universidad de la Sorbonne-Paris IV, en su análisis comparativo entre la segregación en Bogotá y las banlieu de Paris [14]. Al respecto he personalmente escrito un artículo difundido a nivel mundial por “Forum des Alternatives”, dirigido por Francois Houtart y Samir Amin [15].

Cambio de perspectiva en la protesta social

Es hora de tomar en serio a los movimientos sociales, de estudiar el poder desde abajo, tanto como se ha estudiado desde arriba.
Al respecto César Rodríguez Garavito, miembro del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia), enfatiza que “algunos se sorprenden de que los campesinos hayan salido a las carreteras justamente en medio de un gobierno que ha prometido la restitución de tierras y podría negociar el fin del conflicto armado en el campo. Pero los sociólogos saben que estas aperturas institucionales son oportunidades políticas propicias para los movimientos sociales. Precisamente porque este gobierno es menos insensible a los problemas históricos de los campesinos y porque las FARC no tienen el mismo poder de amedrentar o cooptar de antaño, la movilización es más factible. Y lo sería aún más en un contexto de posconflicto [16].

Otro aprendizaje de esta movilización campesina y popular es que el escenario de la carretera traslada además el lugar de la política. La prensa oficial, los grandes gremios y el gobierno reclama que el escenario natural de la política es el Congreso de la República, pero los campesinos al tomarse las carreteras realizan un ejercicio democrático real, pues ponen en la esfera de lo público sus problemáticas, que son problemáticas del común, de la Nación, al tiempo que impugnan la debilidad y negativa del Estado neoliberal para brindar soluciones duraderas y de fondo.

La protesta ha creado en las calles, y de allí́ a los medios alternativos y las redes sociales otra forma de comunicación, ante las negativas y manipulaciones de los medios institucionales.

Un paralelo con la actual situación surge una frase de Castells [17]En un mundo presa de la crisis económica, el cinismo político, la vaciedad cultural y la desesperanza, simplemente ocurrió. Conectadas a través de las redes sociales de Internet, las personas empezaron a agruparse en esos espacios de autonomía y, desde la seguridad del ciberespacio, pasaron a ocupar las calles y a elaborar proyectos ligados a sus verdaderas preocupaciones, por encima de las ideologías y de los intereses dominantes, reclamando su derecho a hacer historia“.

El Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo ha denunciado que la Policía está poniendo en grave riesgo a los líderes y lideresas del paro, con persecución al Paro y con detenciones masivas de activistas, periodistas y manifestantes. El Colectivo asegura que « no hay garantías para la manifestación y la crítica social en Colombia ».
Preocupa que el Estado no vea el peligro de ignorar o criminalizar la protesta en una sociedad democrática que debe proteger los derechos a la libertad de asociación y de expresión.

Otro elemento fundamental y estratégico es la herramienta no-violenta de la protesta social.
Marta Ruiz, editorialista de Semana, destaca que “si hay pruebas de que las FARC alentaron la violencia en algunas marchas, estas deben darle una explicación al país desde las negociaciones en La Habana. ¿Es esa su idea de hacer política sin armas ? Sería lamentable que el Presidente Santos tuviera razón. Las guerrillas les han hecho un daño enorme a los movimientos sociales a lo largo del conflicto. Su presencia en ellos ha sido oportunista y reaccionaria. Ya es hora de que los dejen en paz [18].

El analista José Antonio Gutiérrez Danton, de Prensa Rural escribía que « es indicativo de que hay algo nuevo que está naciendo en Colombia » y lo consideraba el resultado de un acumulado de movilizaciones de clase que comenzaron, quizá en 2008. « Todavía no tenemos un panorama acabado de este fenómeno social que se empezó a vislumbrar con las protestas de los corteros del Valle y la minga indígena y popular en el segundo semestre del 2008 ; que se siguió dibujado con las movilizaciones estudiantiles del 2011 que llevaron a la conformación de la MANE ; que se insinuó en el Encuentro ’La Paz es la Ruta’ de Barrancabermeja el 2011, que comenzó a levantar cabeza en las movilizaciones campesinas-indígenas en el Cauca en mayo-junio del 2012 ; que ha tenido un eco resonante en la negociación política insurgencia-Gobierno en La Habana ; que se ha ido perfilando más y más con la gran movilización cafetera-cacaotera y con la rebelión del Catatumbo este año ».

Este proceso de movilización popular masiva tiene un antecedente importante en la multitudinaria movilización del pasado 9 de abril que ha congregado en Bogotá un millón de manifestantes por la paz.
Mauricio Archila, docente de la Universidad Nacional de Colombia, investigador de CINEP y autor del capítulo colombiano de “Etat des résistances dan le Sud”-CETRI, considera que “un significado de la marcha se enmarca en la trayectoria reciente de las protestas en Colombia. Como señala la Base de Datos de Luchas Sociales del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), desde los años 90 hay una visibilidad creciente de las víctimas del conflicto armado : entre 1975 y 2012, sus protestas representaron el 4 por ciento del total nacional.

Se destacan especialmente los grupos de mujeres como ASFAMIPAZ — Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública retenidos y liberados por grupos guerrilleros — y Madres de La Candelaria.

A la histórica presencia de ASFADES — Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos — se suma en 2000 el MOVICE — Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado — y en 2005 el Movimiento Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad, todos ellos convocantes de la marcha.

Pues bien, las víctimas han librado durante todos estos años una importante lucha por hacerse visibles : el año pasado lograron que se aprobara una ley que, entre otras cosas, designó el 9 de abril como su día conmemorativo. Este 2013 era el primer año en que se conmemoraba. Tristemente ese día fue asesinado su vocero en Córdoba, Éver Cordero [19].

Otro cambio de perspectiva en esas movilizaciones desde abajo es que fracasaron las casandras habituales que en toda protesta ven la mano negra de unas “fuerzas oscuras” antipatrióticas con la cual se alimenta el miedo se satanizan a quienes reclaman derechos.

Voy a concluir este artículo con las palabras de María Elvira Bonilla, columnista de El Espectador :

En el paro campesino empezó a retoñar con vigor y vida el tejido social que en vano intentaron a punta de miedo y muerte los paramilitares y sus oscuros socios y aliados. Durante los años del régimen del terror paramilitar que contó con la complacencia y complicidad de sectores de la fuerza pública, de miembros de las élites políticas y económicas locales, rurales, y urbanas, las comunidades no podían reunirse, mucho menos organizarse ni pensar en expresar sus reclamos. Quienes protestaran quedaban bajo la mira de las armas paramilitares señalados como colaboradores de la guerrilla, que equivalía a una sentencia de muerte. La guerrilla por su parte ejercía también presión sobre la gente colocándolos en un parangón sin salida.
El cambio iniciado se consolidará con el cese del conflicto armado. En el largo período del postconflicto y de construcción de un país en paz, el escenario democrático de la protesta ciudadana recuperará plenamente su importancia y sentido. En él aparecerán nuevos líderes, y allí se resolverán, sin armas ni violencia las tensiones y conflictos propios de la vida en sociedad y en democracia
 [20].

Bibliografía

BONAMIGO, C. (2007). Pedagogias que brotam da terra. Um estudo sobre práticas educativas do campo. Universidad Federal do Rio Grande do Sul. Porto Alegre.

CARVALHO. H. (2005). Campesinato no siculo xxi : posibilidades condicionantes do desenvolvimento do campesinato no Brasil. Petrópolis : Vozes.

DUTERME, Bernard (2011). Alternatives Sud, Volume 18-2011/4. Amérique Latine : Etat des résistances dans le Sud. Paris : Cetri, Syllepse Ed.

GARAY, et al. (2012). Impactos del TLC con Estados Unidos sobre la economía campesina colombiana. Bogotá : Oxfam.

IANNI, Octavio. (1988). Imperialismo y Cultura de la Violencia en América Latina. Siglo XXI Editores. México.


Notes

[1Entre las organizaciones sindicales, sociales y políticas que anuncian su participación en el paro nacional agrario figuran las siguientes : Centrales obreras CUT, C.T.C., C.G.T, Anthoc, PCC/MP, Movip-Fundescol, Viviendistas, Integros, Reclame, Fecode, Comosopol, Marcha Patriótica Asolaborales, ADE, Cut Bogotá y Cundinamarca, Polo Democrático Alternativo, Mujeres por la PAZ, CNA, intraHosker, Coalición Democrática de Partidos y Movimientos Políticos, Movice, Coordinadora Agraria Nacional, Organización Nacional de Desplazados, Movimiento Nacional por Constituyente popular MCP, ILSA, Congreso de los Pueblos, OCE, Comosoc, ANSA, ASPU Nacional, Juventud Democrática Popular, Movimiento Comunal, Mesa Ampliada Nacional Estudiantil –MANE-, que aglutina a los estudiantes de las universidades públicas y Sindicato Estudiantil SIES.

[4tp ://prensarural.org/spip/spip.php ?article11668

[10En Bogotá, una serie de protestas dejaron un saldo de al menos dos muertos y 147 heridos, luego de enfrentamientos entre policía y manifestantes en distintos lugares de la ciudad, según reportes de BBC - http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2013/08/130829_ultnot_disturbios_bogota.shtml

[13ww.elnuevosiglo.com.co/articulos/8-2013-bosa-la-localidad-m%C3%A1s-segregada.html


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